El futuro de varias tribus en vilo

"Creo que ustedes pueden ayudarnos a hablar con el Presidente para
que la demarcación de nuestra tierra sea ratificada y los invasores sean trasladados."
Orlando Makuxí

El Gobierno de Brasil está retrasando la ratificación de los límites de un área indígena, Raposa-Serra do Sol, en el norte del país, con consecuencias desastrosas para los 12.000 indígenas que han vivido allí desde tiempos inmemoriales. Los terratenientes y mineros han invadido el área de forma ilegal y la han convertido en haciendas de ganado, cultivos de arroz y minas de oro, y el ejército ha construido un cuartel justo al lado de una comunidad indígena.

Hay una gran presión sobre el Gobierno para que reduzca el tamaño del área indígena en una cuarta parte. Los políticos y empresarios locales han intentado mantener el territorio abierto a sus propios intereses, e incluso han logrado que un tribunal dictara una orden a su favor. Dicha orden fue derogada por el Tribunal Supremo en noviembre de 2002, y aunque el Ministro de Justicia decretó que el área se declarase tierra indígena ya en diciembre de 1998, el Presidente aún no ha tomado las medidas finales que ratificarían la "demarcación".

Al Presidente se le pide ahora que tome una decisión final, y es crucial que sea consciente de las trágicas consecuencias que tendría ignorar las necesidades de los indígenas.

Raposa-Serra do Sol, en Roraima, en el extremo norte de Brasil, abarca casi 1,7 millones de hectáreas y es el hogar de varias tribus, entre ellas los makuxí, wapixana, ingarikó, taurepang y patamona. Los indígenas llevan ya 30 años reclamando sus derechos territoriales.

Una tribu, los makuxí, recibe frecuentes amenazas e intimidaciones, y en torno a una docena de indígenas han sido asesinados en los últimos años. A otros se les han robado o destruido sus pertenencias. El incidente más reciente fue el asesinato del makuxí Aldo da Silva Matos, en enero de 2003. Levantaba sus manos cuando, presuntamente, dos trabajadores de una hacienda le dispararon.

En los cultivos de arroz se emplean fertilizantes químicos que dañan el suelo y los ríos, envenenando a las aves y peces de los que dependen los indígenas, y contaminando el agua que beben. Además, están abiertos al menos seis dragados en el río Máu para la extracción de oro. El uso de mercurio para separar el mineral se suma a los peligrosos niveles de contaminación. Los mineros también están introduciendo alcohol en las comunidades indígenas. Tanto los mineros como los soldados que ocupan el cuartel de Uiramutã han introducido enfermedades, y cotidianamente ofrecen bebida y baratijas a los indígenas a cambio de sexo. Se prevé que el contagio de enfermedades de transmisión sexual alcance niveles alarmantes.

Las haciendas agrícolas y ganaderas producen un efecto devastador sobre la caza de los indígenas, y es poco probable que su modo de vida sobreviva a la invasión de sus tierras. Estas tribus indígenas viven de la pesca, la caza y el cultivo de vegetales, siendo la mandioca y el maíz sus alimentos básicos. Algunas de ellas gestionan sus propios proyectos sanitarios y educativos con gran éxito, y  algunas cuentan también con sus propios programas de crianza de ganado a pequeña escala. Raposa Serra do Sol es un área de gran belleza y diversidad, con montañas y praderas, así como la desbordante selva tropical y los innumerables ríos amazónicos.

La organización indígena local, el Consejo Indígena de Roraima, pide a los simpatizantes de Survival que se dirijan al Presidente de Brasil con la máxima urgencia. Su líder, Jacir José de Souza, dice: "Nosotros los pueblos indígenas hemos trabajado por llegar hasta aquí desde hace muchos más años de los que Lula se ha presentado como Presidente. Ahora que él ha llegado ahí, es hora de que apoye a los pueblos indígenas de Raposa-Serra do Sol ratificando nuestro territorio".