Los sentineleses

Survival International presiona, protesta y usa la presión de la opinión pública para asegurar que su deseo de permanecer sin contactar se respete.

Si no, toda la tribu podría ser aniquilada por enfermedades contra las cuales no tienen inmunidad.

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Los sentineleses son la tribu más aislada del mundo, y han atraído la atención de millones de personas. Viven en su propia pequeña isla arbolada llamada Sentinel del Norte, aproximadamente del tamaño de Manhattan. Continúan resistiéndose a cualquier contacto con foráneos, atacando a cualquiera que se acerque.

A raíz del tsunami de 2004, este sentinelés fue fotografiado disparando flechas al helicóptero que sobrevolaba la isla que habita su tribu.

A raíz del tsunami de 2004, este sentinelés fue fotografiado disparando flechas al helicóptero que sobrevolaba la isla que habita su tribu.
© Indian Coastguard/Survival

En noviembre de 2018, John Allen Chau, un hombre estadounidense, fue asesinado por miembros de la tribu sentinelese.

En 2006, dos pescadores indios, que habían amarrado su barco cerca de Sentinel del Norte para dormir después de pescar furtivamente en las aguas alrededor de la isla, fueron asesinados cuando su barco se soltó y fue arrastrado hasta la orilla. Se sabe que los pescadores furtivos pescan ilegalmente en las aguas que rodean la isla, capturan tortugas y bucean en busca de langostas y pepinos de mar.

Este pueblo indígena ha dejado claro que no quiere contacto. Es una sabia decisión. Tribus vecinas fueron aniquiladas después de que los británicos colonizaran sus islas, y no tienen inmunidad frente a enfermedades comunes como la gripe y el sarampión, que diezmarían su población.

Survival International es la única organización que lucha en todo el mundo para detener la exterminación de tribus no contactadas como los sentineleses.

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La isla de Sentinel del Norte, hogar de los sentineleses, vista desde arriba.
La isla de Sentinel del Norte, hogar de los sentineleses, vista desde arriba.
© Survival

Casi todo lo que conocemos de los sentineleses procede de las observaciones realizadas desde embarcaciones amarradas más allá de lo que alcanzan las flechas desde la orilla y durante breves periodos en los que los sentineleses permitieron a las autoridades acercarse lo suficiente para entregarles algunos cocos. Ni siquiera se sabe cómo se llaman a sí mismos.

Los sentineleses cazan y recolectan en la selva, y pescan en las aguas de la costa. A diferencia de la vecina tribu jarawa, construyen embarcaciones (unas canoas muy estrechas, descritas como “demasiado estrechas como para que quepan dos pies en ellas”). Sólo se pueden usar en aguas poco profundas ya que son dirigidas e impulsadas con una especie de pértiga.

Se cree que los sentineleses viven en tres pequeñas comunidades. Tienen dos tipos diferentes de casas: largas cabañas comunales con varias hogueras para diferentes familias, y refugios más temporales, sin paredes laterales, que pueden verse a veces en la playa, con espacio para una familia nuclear.

Las mujeres visten cuerdas atadas alrededor de la cintura, cuello y cabeza. Los hombres también llevan collares y cintas en la cabeza, pero con cinturones más anchos. Los hombres llevan lanzas, arcos y flechas.

Los sentineleses disfrutan de un estado de salud excelente, a diferencia de sus vecinas tribus en las Andamán cuyas tierras han sido destruidas.
Los sentineleses disfrutan de un estado de salud excelente, a diferencia de sus vecinas tribus en las Andamán cuyas tierras han sido destruidas.

© Survival International

Aunque a menudo se les describe en los medios de comunicación como de la “Edad de Piedra” es evidente que no es verdad. No existe ninguna razón para creer que los sentineleses hayan vivido de la misma forma durante los miles de años que probablemente llevan habitando las islas Andamán. Sus modos de vida habrán cambiado y se habrán adaptado muchas veces, como lo hacen todas las sociedades. Por ejemplo, ahora usan metal que ha sido arrastrado o que han recuperado de barcos hundidos en los arrecifes de la isla. Afilan el hierro y lo utilizan para las puntas de flechas.

Por lo que se puede ver desde la distancia, es evidente que los isleños sentineleses están muy sanos y prósperos, en claro contraste con las tribus granandamaneses a quienes los británicos intentaron llevar la “civilización”. Las personas que se ven en las costas de Sentinel del Norte parecen orgullosas, fuertes y saludables y los observadores siempre han visto a muchos niños y mujeres embarazadas.

Los sentineleses captaron la atención internacional tras el tsunami de 2004 en Asia, cuando uno de los miembros de la tribu fue fotografiado en una playa, disparando flechas a un helicóptero que estaba comprobando si se encontraban a salvo.

Sentineleses montan guardia en una playa de la isla.

Sentineleses montan guardia en una playa de la isla.

© Christian Caron – Creative Commons A-NC-SA

A finales del siglo XIX, M.V Portman, el oficial británico a cargo de los andamaneses, desembarcó, acompañado de un gran equipo, en la isla de Sentinel del Norte con la esperanza de contactar a los sentineleses. El equipo incluía rastreadores de tribus andamanesas que ya habían tenido contacto con los británicos, oficiales y convictos.

Encontraron comunidades recién abandonadas y caminos pero no se veía a los sentineleses por ninguna parte. Pasados unos días se cruzaron con una pareja de ancianos y algunos niños a los que se llevaron “en aras de la ciencia” a Port Blair, la capital de la isla. Como era de esperar, pronto enfermaron y los adultos murieron. Los niños fueron llevados de vuelta a la isla con una serie de regalos.

Se desconoce cuántos sentineleses enfermaron como resultado de esta “ciencia” pero es probable que los niños transmitieron las enfermedades y que tuviera devastadoras consecuencias. Es pura conjetura, pero ¿pudiera ser esta experiencia la causa de la hostilidad continuada de los sentineleses y su rechazo a los foráneos?

Durante la década de 1970 las autoridades indias realizaron viajes ocasionales a Sentinel del Norte en un intento de ganarse la amistad de la tribu. Normalmente se organizaban a instancias de mandatarios en búsqueda de aventura. En una de estas expediciones dejaron en la orilla dos cerdos y una muñeca. Los sentineleses cazaron con sus lanzas a los cerdos y los enterraron junto con la muñeca. Estas visitas se volvieron más regulares en la década de 1980; los equipos intentaban desembarcar en lugares fuera del alcance de las flechas y dejaban regalos como cocos, plátanos y trozos de hierro. A veces los sentineleses parecían hacer gestos amistosos; otras veces se llevaban los regalos a la selva y después disparaban flechas al grupo que intentaba establecer contacto.

Sentineleses recogiendo cocos durante un breve período de tiempo en el que aceptaban regalos.
Sentineleses recogiendo cocos durante un breve período de tiempo en el que aceptaban regalos.

© Survival International

Aparentemente, en 1991 parece que hubo un avance. Cuando los funcionarios llegaron a Sentinel del Norte la tribu les hizo una señal para que les trajesen los regalos y entonces, por primera vez, se acercaron sin sus armas. Incluso se metieron en el agua y fueron hacia los barcos para recoger más cocos. Sin embargo, este contacto amistoso no duró mucho; aunque los viajes para llevar regalos continuaron durante algunos años, los encuentros no siempre fueron amistosos. En ocasiones los sentineleses apuntaron con sus flechas al grupo que intentaba establecer contacto, y en una ocasión atacaron una embarcación de madera con sus azuelas (hachas de piedra para cortar madera). Nadie sabe por qué los sentineleses primero abandonaron y después retomaron su hostilidad hacia las misiones de contacto, ni si alguno murió como resultado de enfermedades contagiadas durante esas visitas.

En 1996 se puso fin a las misiones regulares de entrega de regalos. Muchos funcionarios empezaron a cuestionar la lógica de intentar contactar a un pueblo que está sano y contento y que ha vivido prósperamente de manera independiente durante más de 55.000 años. El contacto amistoso solo tuvo consecuencias devastadoras para los granandamaneses. Un contacto prolongado con los sentineleses habría tenido casi con toda seguridad trágicas consecuencias.

En los años posteriores solo se llevaron a cabo visitas ocasionales, de nuevo con respuestas diferentes. Tras el tsunami de 2004, los funcionarios realizaron dos visitas para comprobar, desde la distancia, que la tribu parecía estar sana y que no sufría de forma alguna. Entonces declararon que no intentarían nuevos contactos con los sentineleses.


Contactando a los sentineleses

Imágenes de uno de los muchos intentos del Gobierno indio de establecer contacto con los aislados sentineleses, creando una dependencia mediante regalos del exterior, como los cocos. Tras las protestas de Survival y de simpatizantes locales, dichos viajes de contacto han concluido oficialmente, puesto que ponen en grave riesgo a ambas partes.

Su extremado aislamiento les hace muy vulnerables a enfermedades contra las cuales no tienen inmunidad, lo que significa que el contacto tendría muy probablemente consecuencias nefastas para ellos.

Tras una campaña de Survival y organizaciones locales, el Gobierno indio abandonó los planes de contactar a los sentineleses y su postura actual es la de no intentar de nuevo el contacto con la tribu.

Se llevan a cabo controles periódicos, desde barcos anclados a una distancia segura de la costa, para asegurar que los sentineleses están bien y que no han decidido buscar el contacto.

Actúa ahora para ayudar a Los sentineleses

El trabajo de Survival por los sentineleses se centra en presionar a la India para detener la pesca furtiva ilegal en sus aguas y garantizar que los funcionarios mantienen la política de no contactado. Hay muchas formas en las que puedes contribuir:

 
 
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