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Desde Survival International anunciamos, con enorme tristeza, el fallecimiento de Kasiripina Wajãpi por Covid-19 el pasado 16 de enero en un hospital de la ciudad amazónica de Macapá, en Brasil. Kasiripina tenía unos 65 años.

Afectuoso, carismático y con una gran determinación, Kasiripina pertenecía a la generación de wajãpis que sobrevivieron al complejo y desafiante periodo de un primer contacto continuado con la sociedad nacional brasileña.

Muchos wajãpis murieron como consecuencia de las epidemias y de las enfermedades introducidas por mineros y cazadores en la década de 1960, y en 1970 llegó el monumental plan de la dictadura militar brasileña de construir la “Perimetral Norte” o autopista del perímetro norte que recorre la región fronteriza al norte del país y atraviesa muchos territorios indígenas. Su impacto habría tenido un impacto demoledor para pueblos indígenas no contactados como los wajãpis y los yanomamis.

Equipos de la FUNAI (el departamento de Asuntos Indígenas del Gobierno brasileño) establecieron contacto por primera vez con los wajãpis en 1973 (cuando sumaban tan solo 150 miembros), antes de que las excavadoras llegaran a sus tierras. Aunque el plan de la carretera fue descartado varios años después, se construyeron 30 km de la vía en el territorio de los wajãpis, lo que facilitó enormemente las invasiones ilegales de mineros de oro y otros y expuso a este pueblo indígena a enfermedades letales frente a las que tenían muy poca o ninguna inmunidad. 

Un día, a principios de la década de 1970, Kasiripina a paseaba por la selva con su amigo el antropólogo Alan Campbell cuando se toparon con una gran zona deforestada en la que las excavadoras habían dejado al descubierto la tierra rojiza. Fue tanta la sorpresa que Kasiripina exclamó “¡aramirã!", que significa precisamente “tierra roja”. Este término perduró y todavía hoy sigue siendo el nombre de una base de FUNAI en el territorio, con un puesto de salud y una escuela. 

Kasiripina, junto a sus compañeras y compañeros wajãpis, luchó con total determinación por sus derechos territoriales, sabiendo que son fundamentales para garantizar el futuro de su pequeño pueblo. Solía recordar cómo los buscadores de oro invadían su tierra agasajándolos con regalos antes de sufrir el impacto de las enfermedades y cómo los wajãpis resultaron casi aniquilados.

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Con su extraordinaria tenacidad y coraje, y sin apoyo alguno de la FUNAI, los wajãpis consiguieron expulsar a los mineros de oro en la década de 1980 y lanzaron una campaña por sus derechos territoriales. En 1989 Wai Wai, Kasiripina y Kumai hicieron un largo viaje hasta Brasilia, la capital del país, para presionar a los funcionarios,  y en 1994 los wajãpis se embarcaron en la “auto-demarcación” colectiva de su territorio, que fue finalmente ratificada por el Gobierno en 1996. 

Kasiripina fue uno de los miembros fundadores de la organización wajãpi APINA, creada en 1994. Le gustaba la tecnología y se convirtió en un hábil cámara. Se esforzó en enseñar a los jóvenes la importancia de valorar la cultura y la lengua wajapis, y de ser autosuficientes frente a los crecientes ataques de los políticos contra los derechos indígenas. También se enfrentó a los reiterados ataques de los misioneros fundamentalistas para evangelizar a los wajãpis. 

Fue consciente del poder del cine como herramienta para educar a la sociedad no indígena sobre la riqueza de la cosmología wajãpi. Narrador nato, filmó y dirigió “Jane Moraita, Nossas Festas” [“Nuestras Ceremonias”], sobre varios de los rituales waijãpis. También documentó muchos de los discursos de Wai Wai, uno de los principales líderes wajãpi, y le acompañó en la primera visita de los wajãpis al Pueblo Zo'é, recientemente contactado, para advertirles de los peligros del “karaico” [pueblo blanco].  “Video in the Villages” documentó el viaje y produjo la película “A Arca dos Zo'é" [El Arca de los zo'és]. 

Kasiripina fue un gran embajador de los wajãpi y viajó a Alemania, Noruega y Estados Unidos para promover sus proyectos. Pero donde siempre estaba feliz era en su comunidad, Mariry. Aquí vivía con su extensa familia en una gran casa abierta sobre palos de madera, y cultivaba verduras y frutas en sus huertos de la selva, pescaba, cazaba…

A Kasiripina se le recordará por su buen carácter y su capacidad para aceptar las cosas. En una ocasión, por ejemplo, él y un amigo brasileño pararon un taxi en Macapá, pero cuando el conductor se percató de que lo paraba un “indio”  aceleró y se fue. Su amigo brasileño se indignó con este comportamiento tan racista, pero Kasiripina comentó con calma: “A los karaico [blancos] no les gustan los indios. No te preocupes, hay muchos más taxis por ahí”.

En su vida Kasiripina sufrió pérdidas devastadoras de seres queridos: su primera y su segunda esposa, así como sus dos hijos pequeños murieron. Sin embargo, encontró la felicidad con su tercera esposa, Taema, con quien tuvo cinco hijos, 15 nietos y un bisnieto. 

Recordaremos a Kasiripina por su personalidad inspiradora, su capacidad para sobreponerse a la adversidad, su humor y su humanidad, y enviamos nuestro más sentido pésame a Taema y toda su familia.

 

 

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