Cómo la conservación se ha apoderado de la protección de la biodiversidad

Publicado originalmente en African Arguments en octubre de 2024, este artículo ha sido escrito por Fiore Longo, investigadora y activista de Survival International. También coordina la campaña Descolonizar la conservación de Survival. Ha visitado muchas comunidades indígenas de África y Asia, que siguen sufriendo terribles abusos de los derechos humanos en nombre de la conservación.

 

Unos 31 años después de la entrada en vigor del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), esta semana comienza en la bulliciosa ciudad colombiana de Cali la última Conferencia de las Partes, como se conoce a las reuniones periódicas de gobiernos, ONG y otras partes interesadas en estos convenios.

Esta, la COP16, es especialmente importante, ya que se supone que debe resolver algunos asuntos vitales pero inconclusos relacionados con el nuevo "plan de acción" global para la biodiversidad, conocido como el Marco Mundial de Kunming-Montreal para la Diversidad Biológica.

Pero no nos dejemos engañar por este título aparentemente banal: está en juego algo que podría afectar dramáticamente a millones de personas en todo el mundo, especialmente a las comunidades indígenas y locales, porque el Marco presenta una serie de graves defectos.

Estas deficiencias significan, en su conjunto, que lo que podría y debería haber sido una iniciativa transformadora en realidad reproduce el mismo enfoque anticuado de "protección de la biodiversidad" que promueve el modelo colonial de tipo jerárquico (de arriba a abajo) impulsado por gobiernos y organismos internacionales, y que está arraigado en el racismo y ha sido ampliamente desacreditado, pero que, sin embargo, persiste.

Un síntoma de cómo se incorporó el nuevo plan de acción desde el principio fue la decisión de financiar su implementación, no mediante la creación de un fondo global innovador, como querían muchas naciones del Sur Global, sino mediante la creación de un fondo bajo los auspicios del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), una colaboración de larga duración entre el Banco Mundial, varias agencias de la ONU y gobiernos.

La elección del Fondo para el Medio Ambiente Mundial fue muy problemática, ya que la organización no exige que los pueblos indígenas tengan derecho al consentimiento libre, previo e informado sobre cualquier proyecto que financie y que pueda afectar a sus vidas, tierras y derechos.

Y como el nuevo fondo, conocido como Fondo Mundial para el Marco de la Diversidad Biológica (GBFF), es en cierto sentido una filial del FMAM, ha adoptado sus normas. El resultado es que solo aceptará propuestas para financiar nuevos proyectos de biodiversidad de una de las "agencias del FMAM" designadas: se trata de un grupo de 18 instituciones, todas ellas bancos de desarrollo multinacionales o grandes corporaciones de conservación como WWF o Conservation International, que registran un largo historial de complicidad en violaciones de derechos humanos.


Siguiendo el rastro del dinero

Survival ha analizado la documentación de los 22 proyectos que se han aprobado hasta la fecha, y lo que hemos descubierto apunta a que los peores temores de los críticos del FMAM estaban ampliamente justificados:

  • Solo uno de los 22 proyectos aprobados hasta la fecha probablemente beneficiará a pueblos indígenas y está claramente dirigido a ellos.
  • Los honorarios totales que se pagarán a las agencias proponentes, es decir, más allá de los costes reales de la actividad del proyecto, ascienden al 24 % de los fondos totales disponibles. La proporción de fondos del proyecto que se quedan en estas agencias probablemente será aún mayor.
  • De las agencias proponentes (y ejecutoras), la sección estadounidense de WWF ha sido la que más éxito ha tenido en la captación de fondos. Sus cinco proyectos o conceptos aprobados (incluidas las subvenciones de preparación) representan 36 millones de dólares, casi exactamente un tercio de la financiación total.
  • Los siguientes en el ranking son el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Conservación Internacional (CI), que tienen nueve y dos proyectos respectivamente, y representan cada uno aproximadamente una cuarta parte de los fondos totales. Junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, estos organismos recibirán el 85 % de los primeros 110 millones de dólares de financiación.
  • Uno de los proyectos financiará (a través de WWF) Áreas Protegidas en África. Estas acumulan un largo historial de despojo de tierras a los pueblos indígenas y de abusos contra ellos a manos de guardaparques.

Una gran parte de la financiación se destinará al objetivo '30×30', que persigue aumentar la extensión de las Áreas Protegidas hasta el 30% de la superficie terrestre y marina del planeta para 2030. Esto es especialmente preocupante porque los parques nacionales, las reservas de vida silvestre y otras áreas de conservación ya son una de las mayores amenazas para los pueblos indígenas. Estos parques casi siempre han implicado brutales expulsiones, violencia y destrucción de los medios de vida de los indígenas. Estos sucesos siguen ocurriendo hoy en día, como en la terrible expulsión de miles de masáis del Área de Conservación de Ngorongoro en Tanzania.

Desde Survival International estamos convencidos de que la estructura y el funcionamiento de todo este modelo de financiación son estructuralmente defectuosos, y promueven proyectos de conservación verticales de arriba abajo, como de costumbre, en lugar de apostar por un enfoque nuevo y sumamente necesario que se base en los derechos para la protección de la biodiversidad. Además, es un modelo prácticamente inaccesible para los propios pueblos indígenas.

Creemos que debe reconsiderarse todo el mecanismo de financiación: es necesario dar al GBFF una dirección completamente nueva, en la que la financiación se dirija principalmente a los pueblos indígenas y a. las comunidades locales. Debe prohibirse la financiación de proyectos nuevos o ampliados de "conservación de fortaleza".

En términos más generales, las corporaciones conservacionistas con intereses creados en la creación de tales objetivos están proponiendo que se destinen sumas extraordinariamente elevadas (como 700.000 millones de dólares anuales), supuestamente necesarias, para la protección de la biodiversidad. Pero en realidad se necesitaría mucha menos financiación para la protección de la biodiversidad si se hiciera hincapié en un reconocimiento más amplio de las tierras y los derechos de los pueblos indígenas, en lugar del costoso enfoque colonial, vertical y militarizado, que sigue siendo el pilar económico de la industria de la conservación.

 

Créditos de biodiversidad: una nueva amenaza

Por si todo esto no fuera lo suficientemente preocupante, en la COP16 está previsto que se pongan en marcha una serie de iniciativas para crear créditos de biodiversidad.

El concepto de créditos de biodiversidad es similar al de los mercados de carbono, en los que las empresas u organizaciones pueden supuestamente "compensar" su contaminación causante del cambio climático comprando créditos de carbono de proyectos en otros lugares que se cree que previenen las emisiones de carbono o eliminan activamente el carbono de la atmósfera. En realidad, tanto la idea como la práctica son profundamente erróneas: estos proyectos ponen precio a la naturaleza  tratando las tierras de las comunidades indígenas y locales como una reserva de carbono que se intercambia en el mercado para que los contaminadores puedan seguir contaminando, mientras que la industria de la conservación se beneficia con miles de millones de dólares. Los pueblos indígenas y las comunidades locales, por otro lado, terminan desposeídos y despojados de sus tierras y recursos vitales.

Los créditos de biodiversidad, como los créditos de carbono, forman parte de un nuevo impulso para la mercantilización de la naturaleza. Una reciente declaración de más de 250 organizaciones medioambientales, de derechos humanos, de desarrollo y comunitarias de todo el mundo (incluida Survival International) pide la suspensión inmediata del desarrollo de los sistemas de biocréditos.

Además de los problemas técnicos, morales, filosóficos y prácticos que conlleva poner precio a la conservación de especies o ecosistemas enteros, y comerciar con ellos a cambio de su destrucción en otros lugares, la idea supone una grave amenaza para los pueblos indígenas. Se enfrentarían a una creciente presión por la apropiación de tierras, ya que los proyectos de biocompensación buscan beneficiarse de la a menudo rica biodiversidad de los lugares en los que viven los pueblos indígenas y que han gestionado durante generaciones.

Ya se han producido problemas similares en muchas ocasiones con los programas de compensación de carbono. Muchos líderes indígenas simplemente dicen que la mercantilización de la naturaleza implícita en el biocrédito y el comercio va en contra de sus cosmovisiones y valores.

Entonces, ¿cuánta esperanza hay para esta COP? No mucha, esa es la respuesta sincera. Todo el proceso de protección de la biodiversidad ha sido capturado casi tan pronto como comenzó por las mismas instituciones que se han enriquecido a expensas de los pueblos indígenas, los guardianes de gran parte de la biodiversidad del mundo, durante décadas.

Como mínimo, debe respetarse el derecho de los pueblos indígenas a dar, o denegar,  su consentimiento libre, previo e informado a cualquier proyecto que les afecte. Las organizaciones indígenas, junto con sus aliados, harán todo lo posible para garantizarlo.

La respuesta a cómo proteger la biodiversidad del mundo es realmente sencilla: respetar los derechos territoriales de los pueblos indígenas y abordar las causas subyacentes de la destrucción de la biodiversidad, a saber, la explotación de los recursos del mundo con fines de lucro. Qué novedoso sería si eso fuera lo más importante en la agenda de la COP.

 

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