Niños indígenas mueren de hambre

Tres niños guaraní han muerto de hambre en lo que va de año; cientos más sufren malnutrición.  Arrinconados en diminutas parcelas de tierra, los indígenas no tienen ningún sitio donde cazar, pescar o siquiera plantar sus cosechas.

Según las estadísticas oficiales, otros quince niños guaraní murieron de hambre el año pasado. El Gobierno ha anunciado un incremento en el número de niños que recibirán alimentos, pero continúa sin tener en cuenta la principal causa de la crisis: la casi total falta de tierra de la tribu. Durante los últimos setenta años, miles de guaraní han sido expulsados de sus tierras por cultivadores de soja y ganaderos; apenas queda el 1% del bosque original de los guaraní. Actualmente viven arrinconados en pequeñas reservas; a consecuencia de ello son frecuentes el suicidio, el alcoholismo y la violencia doméstica.

Mientras tanto, en una acción sorprendente, los Tribunales se preparan para expulsar  a una comunidad guaraní que ha reocupado, exponiéndose así a un grave riesgo, una pequeña parte de la tierra que una vez tuvieron. Su tierra, que ellos llaman Nanderú Marangatú, está ocupada aún por un ganadero que continuamente amenaza a los indígenas. Estos han plantado sus cultivos para autoabastecerse; la expulsión significaría volver al pequeño terreno donde son incapaces de sobrevivir. Survival protesta contra la planeada expulsión.

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