El joven guaraní Semião Vilhalva fue asesinado a tiros por los pistoleros de los terratenientes una semana después de que su comunidad reocupara parte de su tierra ancestral.

El joven guaraní Semião Vilhalva fue asesinado a tiros por los pistoleros de los terratenientes una semana después de que su comunidad reocupara parte de su tierra ancestral.

© Local media

Hombres armados están lanzando una oleada de brutales ataques contra los indígenas guaraníes en el centro de Brasil.

El pasado 29 de agosto el líder guaraní Semião Vilhalva fue asesinado a tiros una semana después de que su comunidad reocupara parte de su tierra ancestral. En el mismo ataque, un bebé de un año recibió el impacto de una bala de goma en la cabeza y muchos otros resultaron heridos.

Menos de una semana después, el 3 de septiembre, una treintena de vehículos repletos de terratenientes y pistoleros llegaron a la comunidad de Guyra Kambi’y. Dispararon repetidamente a la comunidad lo que obligó a los indígenas, incluidos unos cincuenta niños, a huir y esconderse en pequeñas zonas de bosque cercano. Entonces incendiaron las casas de los guaraníes, destruyéndolo todo.

Los guaraníes habían solicitado protección policial a las autoridades, pero la policía los dejó a merced de los sicarios.

Hombres armados han rodeado varias comunidades guaraníes más en la región y están disparando, rodeando y amenazando diariamente a los indígenas.

La portavoz guaraní Inaye Gomes Lopes declaró: “Nos mantendremos firmes. Los terratenientes piensan que matar a los indígenas solucionará las cosas. No. Si matan a uno, se levantarán diez o veinte.”

Varias ONG están pidiendo en Brasil que se investigue a varios diputados locales por su presunta implicación en los ataques.

Este agudizado conflicto es la continuación de décadas de devastación de las tierras ancestrales de los guaraníes, ahora ocupadas por haciendas ganaderas y plantaciones de caña de azúcar, maíz y soja.

La Constitución brasileña requería que el Gobierno hubiera demarcado todos los territorios indígenas y se los devolviera para su uso exclusivo para el año 1993, pero este proceso sigue paralizado y aboca a los guaraníes a unas condiciones de vida deplorables.

El último ataque se produjo solo un día después de que el ministro de Justicia visitara la zona para debatir soluciones a este conflicto territorial, que se ha convertido en la peor crisis humanitaria que sacude a Brasil.

La asociación guaraní Aty Guasu declaró: “¡Pedimos castigo para los terratenientes y todos los responsables de estos crímenes bárbaros!”. Los guaraníes también están demandando protección policial y la demarcación de sus tierras.

Survival International, el movimiento global por los derechos de los pueblos indígenas y tribales, ha puesto en marcha una campaña urgente para exigir al Gobierno de Brasil que lleve a los responsables de los ataques ante la justicia, que proteja a las comunidades de la violencia y que demarque las tierras de los guaraníes para evitar más derramamiento de sangre.