Por un lado, el pueblo guaraní y el cuerpo de legislación internacional y brasileña que establece los derechos de los pueblos indígenas a sus vidas, territorios y forma de vida. Contra ellos, el enraizado poder económico y político de los agricultores, ganaderos y madereros entre otros que explotan la riqueza del suelo, bosques y aguas guaraníes. En estos momentos el poder del dinero gana la partida una y otra vez. Solo con presión internacional pueden los guaraníes salir victoriosos.

El activista guaraní Ládio Veron lidera las protestas internacionales por los derechos de su pueblo ante la Embajada de Brasil en Londres.
El activista guaraní Ládio Veron lidera las protestas internacionales por los derechos de su pueblo ante la Embajada de Brasil en Londres.

© Eleanor K. Russell/ Survival

A muchos guaraníes no les queda otra opción que trabajar como jornaleros en las enormes plantaciones de azúcar y ranchos ganaderos, forzados a malvivir en una sociedad creada en su propia tierra sin su consentimiento.

El mes pasado Survival International tuvo el honor de ayudar a organizar manifestaciones en todo el mundo lideradas por el activista y activista indígena guaraní Ládio Veron. Nuestros simpatizantes se congregaron ante la embajada brasileña en Londres en una demostración de apoyo a los guaraníes que fue retransmitida en directo a través de las redes sociales (ver vídeo). Otras protestas tuvieron lugar en Sao Paulo, San Francisco, Madrid, Barcelona y Milán. También entregamos cartas de protesta de Survival y el propio pueblo guaraní a los representantes del Gobierno brasileño.

Ládio se presentó desafiante con su tocado y pintura facial tribales. Aunque una mañana londinense de abril es bastante más fría que las del centro de Brasil a las que está acostumbrado, se dirigió apasionadamente tanto a los simpatizantes que se encontraban allí para verlo como al funcionario de la embajada que recibió su carta.

Como hijo del líder indígena asesinado Marcos Veron, la implicación emocional de Ladio en la lucha de su pueblo es comprensible. Todos los guaraníes sienten que se juegan mucho en ello. El robo de sus tierras ancestrales por los ganaderos y la industria agrícola es un trauma que afrontan desde hace décadas.

Se enfrentan al acoso violento de los pistoleros cuando tratan de reocupar pequeñas extensiones de territorio, que en su mayoría ha sido talado y convertido en plantaciones. Sus aguas están contaminadas con pesticidas y se los mantiene apartados de sus tierras por medio de alambradas. Algunas comunidades viven en campamentos improvisados en cunetas.

Leyes de papel, promesas de papel

El hecho de que los guaraníes tengan que arriesgar sus vidas por su territorio es trágico a la vez que incomprensible. Su tierra les pertenece tal y como reconocen legislación brasileña y el derecho internacional.

El hecho de que haya jurisprudencia sobre propiedad territorial guaraní tanto en el estado de Mato Grosso do Sul como en la capital federal de Brasilia es una admisión tácita por parte del establishment brasileño de que este pueblo indígena tiene, por lo menos, algo que reivindicar.

Es su tierra, y sin embargo llevan atrapados en un infierno legal desde hace décadas, mientras esperan a la completa demarcación y la aplicación de sus derechos.

El propio Mato Grosso do Sul está tan dominado por la industria del agronegocio que es prácticamente imposible para los guaraníes apelar ante la clase política y otras autoridades, ya que estas están claramente del lado de los terratenientes.

Hombres como Jose Teixeira desempeñan cargos políticos a la vez que son propietarios de grandes explotaciones, y se alían gustosamente con las grandes corporaciones que se enriquecen con la caña de azúcar producida en territorio guaraní.

Estas imágenes de 2016 muestran a policías brasileños bien armados mientras expulsan de sus tierras a un pequeño grupo de guaraníes.

Los indígenas no portan armas y son pacíficos: presentan sus reivindicaciones con lenguaje contundente pero no representan ningún tipo de amenaza. Y aun así cerca de 100 hombres fueron enviados para echarlos de un pequeño pedazo de tierra de modo que su comunidad pudiera ser demolida.

Jornaleros de bajo sueldo explotados en su propia tierra

Tales incidentes ilustran la situación con claridad. Los guaraníes tienen pocos aliados en Brasil, y ciertamente no entre los gobernantes del país. Se ven por tanto obligados a buscar más allá para poder atraer la atención global a su desesperada situación, y para poder presionar a las personas con la autoridad para transformar sus dramáticas circunstancias.

Survival Internacional lleva haciendo campaña junto a los guaraníes desde hace más de 30 años. Los guaraníes son el mayor pueblo indígena de esta parte del centro de Brasil, y están siendo aniquilados lentamente.

En su búsqueda del beneficio, el todopoderoso lobby ruralista los ha reducido a la pobreza, la violencia, la enfermedad y la indigencia. Algunos viven y trabajan en los pueblos y ciudades de Mato Grosso do Sul, o aún más lejos. Muchos otros no tienen otra opción que trabajar como jornaleros en las enormes plantaciones de caña de azúcar y las haciendas ganaderas, forzados a malvivir en una sociedad creada en su propia tierra sin su consentimiento que no les ofrece prácticamente nada.

Según algunos estudios, este pueblo indígena sufre la tasa de suicidio más alta del mundo, un problema especialmente grave entre los más jóvenes.

Mediante la presión internacional, los guaraníes pueden reivindicar sus derechos legales

Aun así hay esperanza. La presión internacional ha demostrado ser efectiva a la hora de exigir responsabilidades a los líderes de Brasil y otorgar poder a los pueblos indígenas mediante el reconocimiento de sus derechos territoriales.

En 1992, por ejemplo, tras años de campañas el Gobierno dio el brazo a torcer y aceptó crear el territorio indígena más grande del mundo en un área de selva: el territorio indígena yanomami en el norte de la Amazonia. Es una superficie del tamaño de Suiza que ahora es el hogar de unos 20.000 indígenas.

En 2014 los esfuerzos conjuntos de los simpatizantes de Survival obligaron a las autoridades brasileñas a tomar duras medidas contra la tala ilegal, lo que llevó a una mejora significativa de la situación en la que se encontraban los awás del extremo este de la Amazonia.

Y el año pasado, una presión similar empujó al ministro de Justicia a firmar un decreto por el que se creaba un territorio protegido para los últimos kawahivas, un pequeño pueblo indígena no contactado: sin duda, uno de los más vulnerables del planeta.

Como parte de nuestra dedicación, nos volcamos en proporcionar a los pueblos indígenas y tribales una plataforma desde la cual dirigirse al mundo. Como dijo el propio Ládio: “Lucharemos hasta el final, solo nos queda perder la vida”.

Su poderoso discurso ante la embajada de Brasil y verlo conmovido hasta las lágrimas mientras se dirigía a uno de sus funcionarios fueron alentadores para todo el que acudió para solidarizarse con el pueblo guaraní.

Y lo que es más importante, este tipo de acción directa podría ayudar a inclinar la balanza a favor de los guaraníes. Siempre hay esperanza.

Líderes guaraníes están siendo asesinados en Brasil, ¡ayúdanos a detenerlo!

Leer la versión original de este artículo publicada en The Ecologist (inglés)

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