Brasil: un año desde la primera muerte de un indígena por Covid-19

Amoim Aruká era el último varón superviviente del pueblo indígena juma, que ha sufrido muchas masacres en la historia reciente.

Amoim Aruká era el último varón superviviente del pueblo indígena juma, que ha sufrido muchas masacres en la historia reciente.

© Gabriel Uchida

Un año después de la primera muerte de una persona indígena en Brasil a causa del Covid-19, la población indígena sigue luchando por su supervivencia.

La primera persona indígena de la que se tiene constancia que murió por la enfermedad fue una mujer borari, Lusia dos Santos Lobato, que falleció el 19 de marzo de 2020.

Desde entonces, más de 1.000 indígenas han muerto a causa del virus en Brasil, y más de 50.000 han sido infectados.

La catastrófica gestión de la pandemia por parte del presidente Bolsonaro en Brasil ha provocado que la tasa de contagio se dispare. Desde la minimización de la enfermedad en sí misma hasta la obstrucción del despliegue de la vacuna y el continuo estrangulamiento del sistema sanitario indígena, Bolsonaro ha desempeñado un rol deliberado en la propagación del coronavirus.

Los líderes indígenas han denunciado la “irresponsabilidad” de la respuesta del Gobierno brasileño response.

La Covid-19 está devastando a los pueblos indígenas de todo el país, y se ha cobrado la vida de prominentes indígenas como Aritana Yawalapiti, del pueblo Yawalapiti, Paulinho Paiakan, de la tribu Kayapó o Aruká Juma, el último varón del pueblo Juma.

La tasa de mortalidad entre los pueblos indígenas de la Amazonia es un 32% más alta que la media de la población brasileña, con una tasa de infección un 34% más alta, según datos de la COIAB.

Lusia dos Santos Lobato fue la primera persona indígena que murió de Covid-19 en Brasil.

Lusia dos Santos Lobato fue la primera persona indígena que murió de Covid-19 en Brasil.

© Associação Indígena Borari de Alter do Chão

La propagación de la Covid-19 a las comunidades indígenas, que ya se ven afectadas de forma desproporcionada por las enfermedades occidentales comunes, se ha visto enormemente acelerada por las invasiones ilegales de sus territorios.

Los madereros, mineros y otros invasores se han visto envalentonados por la retórica antindígena de Bolsonaro. Siguen entrando y destruyendo territorios y vidas indígenas con impunidad.

Tras la intensa presión del movimiento indígena, los pueblos tribales se encuentran entre los grupos prioritarios para la vacunación, que ha comenzado en algunos territorios. Según el servicio de salud indígena SESAI, más de 280.000 indígenas han recibido la primera dosis de la vacuna.

Sin embargo, muchos indígenas que viven en zonas urbanas o en territorios no totalmente demarcados están excluidos. Siguen especialmente expuestos, al igual que los pueblos indígenas no contactados, que no pueden ser vacunados, y que son los más vulnerables del planeta.

En 2020, Kura Kanamari, del Valle del Javari, donde viven más pueblos indígenas no contactados que en ningún otro lugar de la Tierra, dijo: “El coronavirus se ha extendido por todo el Valle del Javari debido a la irresponsabilidad del Estado brasileño al no cumplir con su papel. Estamos muy preocupados, especialmente por la vida de nuestros parientes no contactados”.

Survival International está trabajando junto a las organizaciones indígenas para detener el genocidio de Brasil.

Nota: Es probable que las verdaderas tasas tanto de muertes como de infecciones entre la población indígena sean mucho más elevadas que las estadísticas oficiales, debido a los problemas de notificación y a las dificultades de acceso a muchas comunidades indígenas.