Aterrorizada, una familia lo arriesga todo y establece contacto

Caminamos hasta el lugar donde Parojnai había afilado antes una lanza. Allá nos quedamos, preparando nuestro campamento. Después de un rato oímos el ruido de un camión.

Fuimos a recolectar miel, porque Parojnai ya había encontrado un árbol con miel. Amajane [su hijo mayor] y yo vimos una topadora [excavadora]. Vimos la topadora y nos acercamos, aunque los cojñone nos mataran, no nos importaba que nos mataran.

Una excavadora deforesta la tierra perteneciente a los indígenas ayoreo-totogiegosode, ParaguayUna excavadora deforesta la tierra perteneciente a los indígenas ayoreo-totogiegosode, Paraguay

© Survival

Entonces vimos una pequeña casa [en realidad era un remolque para el conductor paraguayo de la excavadora]. Amajane nos dijo:
“Quedaos aquí, mientras voy a averiguar cómo son los cojñone, si es posible contactarlos.” Por entonces no teníamos ningún conocimiento de cómo eran los cojñone. Al regresar, Amajane nos dijo: “Vi a algunos cojñone pero tuve miedo y no pude acercarme más”.

Parojnai me preguntó si tenía miedo de los cojñone o no. Le contesté: “No tengo miedo, voy a acercarme a ellos”.

Berui [su segundo hijo] dijo: “Voy contigo”. Pero yo le dije a Berui: “No quiero que vengas con nosotros. Si los cojñone nos matan, tú tendrás que cuidar de tus hermanos pequeños [Tocoi y Aripei] y vivir con ellos.” Berui obedeció y se quedó con sus hermanos pequeños. Fuimos por el borde de la carretera, hacia los cojñone.

Vimos la casa de los cojñone. Al llegar a la casita, Parojnai gritó: “¡Yo soy Parojnai!”. Pero parecía que nadie estaba en la casa. En ese momento Amajane también gritó: “Yo soy Amajane. No he venido a mataros”.

Ibore y Parojnai con sus hijos el día siguiente de haber salido del bosque en 1998Ibore y Parojnai con sus hijos el día siguiente de haber salido del bosque en 1998

© Survival

Parojnai siguió gritando: “¡Yo soy Parojnai!”, y de repente salió un cojñoi y vi cómo son los cojñone; vi que son personas como nosotros. Le dije de nuevo: “No venimos a matarte, sino que queremos vivir con ustedes”.

El hombre dijo: “Eja, eja, eja” y yo noté que él tenía mucho miedo. No hacía más que mover la cabeza y mirar hacia atrás, parecía como si quisiese salir corriendo. Dio unos pasos atrás y yo le dije: “No hay que correr, no vamos a matarte, somos buenas personas”.

Amajane le hizo señales para que se acercase. Cuando se acercó, le rodeé con un brazo y Parojnai le rodeó con el otro brazo y le dije “Sentate acá, sentate acá”. Le dije: “No tenga miedo de nosotros”, y le grité a Parojnai: “Agárrale tú también, no queremos que vuelva a marcharse”, y siempre con las mismas palabras le dije a él: “No tenga miedo, no tenga miedo de nosotros, somos buenos”. El hombre repetía a cada rato: ”Eja, Eja, Eja”.

Yo le repetía “no tengas miedo”. El cojñoi tenía algo en su mano [un rifle] y yo le pregunté a Parojnai: “¿Qué eso que lleva en la mano?”, y Parojnai respondió: “Es un arma”. Y yo le dije al cojñoi: “No tengas miedo de nosotros, tráenos algo de comer, tenemos hambre”. El cojñoi entró en la casita y sacó un plato lleno de galletas y se comió las galletas delante de nosotros. Yo las probé también, pero no me gustaron.

El hombre nos pasó las galletas mientras se reía “ji, ji, ji”, y también trajo un poco de guiso en otro plato. Igual que las galletas, se lo comió delante de nosotros, yo también lo probé, pero no me gustó.

Ibore usa un hacha tradicional para abrir una colmena para obtener mielIbore usa un hacha tradicional para abrir una colmena para obtener miel

© Ruedi Suter/Survival

Parojnai dijo: “Tráiganos agua, tengo sed, quiero tomar agua”. Vimos un bidón con agua dentro y tomamos agua. Amajane llegó justo cuando acabábamos de encontrar el agua del cojñoi. Amajane tenía miedo del agua y la derramó. Yo le dije: “No hay que derramar el agua”.

El cojnoi entró en su casita y trajo un arma. Amajane y su padre se quedaron junto a este hombre todo el tiempo, le siguieron a cada paso. De repente, disparó al aire.

Yo me asusté, pensé que disparaba a mi hijo y a mi esposo. Y grité: “¡Eeeeeh!” de puro miedo, y de repente el hombre se quitó la camisa y me la dio, riéndose. Entonces yo le di un collar de purucode [semillas negras] y se lo puse alrededor del cuello. Parojnai también trajo un collar de purucode y también se lo puso alrededor del cuello.

En las fotos tomadas al día siguiente, puede verse a Ibore vestida con la camiseta roja de fútbol del hombre.

Ahora, Ibore y sus hijos viven en una pequeña comunidad ayoreo al borde del bosque. Parojnai contrajo la gripe y la tuberculosis poco después del contacto, y murió de ésta última en 2008.

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